El IQ de los sistemas de salud

En el mundo de hoy, donde todo es inteligente (“smart watch”, “smart TV”, “smarthphone”, etc.), ya no hay cabida para que los sistemas de salud no lo sean también. Los sistemas de salud se vuelven inteligentes - “smarthealth” - cuando se organizan para:

  • Disminuir el costo global per cápita en salud
  • Mejorar la salud de la población
  • Mejorar la experiencia de los pacientes
  • Facilitar la vida del personal clínico

Lograr este nivel de inteligencia (la cuádruple meta) parece una aspiración utópica. Históricamente, esta frustración ha motivado la reforma constante de los sistemas de salud y la generación de políticas públicas. Comúnmente estas reformas, que con buenas intenciones tratan de solucionar las consecuencias y no las causas, terminan trayendo más problemas colaterales y futuras reformas correctivas.

Hoy es más apropiado hablar de sistemas de manejo de enfermedad y no propiamente de sistemas de salud. Este paradigma es la verdadera causa raíz que nos aleja de ser más inteligentes como sistema (un IQ más alto). Todo el funcionamiento, incentivos, estructura e innovación de los sistemas de salud han estado enfocados en manejar tardíamente las enfermedades (enfoque de protección financiera) y no necesariamente en cuidar proactivamente la salud (enfoque de bienestar).

En este contexto, la transformación digital de los sistemas de salud genera una esperanza para salir del siglo XX. La transformación digital no tiene que ver con digitalizar los procesos y las actividades de nuestro viejo modelo, o tener historias clínicas electrónicas. Por el contrario, es todo lo que tiene que pasar para movernos de un modelo de negocio donde “me miden y pagan” por prestar un servicio de salud hacia un modelo donde “me miden y pagan” por obtener el mayor valor de cada peso gastado. La transformación digital también nos lleva a ser mucho más centrados en los pacientes y, en este sentido, nos propone tres cambios estratégicos que deben ser considerados en las futuras reformas para aumentar el IQ de los sistemas de salud:

 

Empoderamiento del consumidor:

Históricamente, el consumidor (paciente/población) ha sido percibido como el ente pasivo que recibe el cuidado prescrito por un agente del sistema (el profesional de la salud). La transformación digital reduce las asimetrías de información consumidor vs. agente, y le da un rol diferente al paciente/población en la toma de decisión. También nos ofrece nuevas tecnologías (wearables, apps, etc.) que empoderan al paciente/población en su autocuidado, lo conectan con comunidades afines y suavizan su interacción con el sistema de salud.

 

Connected health:

A lo largo de la ruta del paciente (“customer journey” en la jerga digital) la información se va capturando y almacenando en diferentes puntos desconectados dentro del sistema y en la comunidad. El internet de las cosas, los nuevos dispositivos conectables, las nuevas apps - hoy más de 97 mil en salud - y la capacidad de capturar más datos crece a mayor velocidad que nuestra capacidad de integrar y analizar la información (la mayoría de esta es basura).

El esfuerzo por integrar y depurar la data en salud debe ser una de las prioridades de las reformas transformacionales si queremos evolucionar hacia sistemas que sean más proactivos en: identificar el riesgo, intervenir tempranamente al paciente, prevenir el error médico y llevar una trazabilidad de los “outcomes” finales del proceso de atención. La data debe fluir a lo largo del sistema y democratizarse para poder tomar mejores decisiones y transitar hacia una medicina más personalizada (personomics).

 

Personomics:

Con nuestro conocimiento actual, solo podemos ofrecer el mismo cuidado a los pacientes independientemente de sus características, sus preferencias y sus metas en salud (“one size fits all”). Los modelos de atención se han centrado en estandarizar y en desarrollar protocolos/guías de manejo, pero no es fácil hoy saber - ex ante - cual es la persona correcta para determinado tratamiento. En el mejor de los casos, la evidencia médica solo nos puede decir el porcentaje de los pacientes responderá favorablemente a un programa o intervención.

La capacidad de tener más data integrada y la posibilidad de analizarla mejor enriquece nuestras posibilidades de conocer más a fondo a los pacientes y de evolucionar hacia modelos de atención más personalizados, proactivos y precisos que nos acerquen a la cuádruple meta en salud. También, nos abre una puerta a dimensiones más complejas de automatización, aprendizaje e inteligencia artificial que impactarán significativamente en la experiencia del paciente y en la productividad marginal de las capacidades humanas.

La necesidad de darle la vuelta al sistema es indiscutible. Sin embargo, la brecha

En el mundo de hoy, donde todo es inteligente (“smart watch”, “smart TV”, “smarthphone”, etc.), ya no hay cabida para que los sistemas de salud no lo sean también. Los sistemas de salud se vuelven inteligentes - “smarthealth” - cuando se organizan para:

  • Disminuir el costo per cápita en salud
  • Mejorar la salud de la población
  • Mejorar la experiencia de los pacientes
  • Facilitar la vida del personal clínico

Lograr este nivel de inteligencia (la cuádruple meta) parece una aspiración utópica. Históricamente, esta frustración ha motivado la reforma constante de los sistemas de salud y la generación de políticas públicas. Comúnmente estas reformas, que con buenas intenciones tratan de solucionar las consecuencias y no las causas, terminan trayendo más problemas colaterales y futuras reformas correctivas.

Hoy es más apropiado hablar de sistemas de manejo de enfermedad y no propiamente de sistemas de salud. En esta distinción esta la verdadera causa raíz que nos aleja de ser más inteligentes como sistema (un IQ más alto). Todo el funcionamiento, incentivos, estructura e innovación de los sistemas de salud han estado enfocados en manejar tardíamente las enfermedades (enfoque de protección financiera) y no necesariamente en cuidar proactivamente la salud (enfoque de bienestar).

En este contexto, la transformación digital de los sistemas de salud genera una esperanza para salir del siglo XX. La transformación digital no tiene que ver con digitalizar los procesos y las actividades de nuestro viejo modelo, o tener historias clínicas electrónicas. Por el contrario, es todo lo que tiene que pasar para movernos de un modelo de negocio donde “me miden y pagan” por prestar un servicio de salud hacia un modelo donde “me miden y pagan” por obtener el mayor valor de cada peso gastado. La transformación digital también nos lleva a ser mucho más centrados en los pacientes y, en este sentido, nos propone tres cambios estratégicos que deben ser considerados en las futuras reformas para aumentar el IQ de los sistemas de salud:

 

Empoderamiento del consumidor:

Históricamente, el consumidor (paciente/población) ha sido percibido como el ente pasivo que recibe el cuidado prescrito por un agente del sistema (el profesional de la salud). La transformación digital reduce las asimetrías de información consumidor vs. agente, y le da un rol diferente al paciente/población en la toma de decisión. También nos ofrece nuevas tecnologías (wearables, apps, etc.) que empoderan al paciente/población en su autocuidado, lo conectan con comunidades afines y suavizan su interacción con el sistema de salud.

 

Connected health:

A lo largo de la ruta del paciente (“customer journey” en la jerga digital) la información se va capturando y almacenando en diferentes puntos desconectados dentro del sistema y también en la comunidad. El internet de las cosas, los nuevos dispositivos conectables, las nuevas apps - hoy más de 97 mil en salud - y la capacidad de capturar más datos crece a mayor velocidad que nuestra capacidad de integrar y analizar toda esta información (la mayoría es basura).

El esfuerzo por integrar y depurar la data en salud debe ser una de las prioridades de las reformas transformacionales si queremos evolucionar hacia sistemas que sean más proactivos en: identificar el riesgo, intervenir tempranamente al paciente, prevenir el error médico y llevar una trazabilidad de los “outcomes” finales del proceso de atención. La data debe fluir a lo largo del sistema y democratizarse para poder tomar mejores decisiones y transitar hacia una medicina más personalizada (personomics).

 

Personomics:

Con nuestro conocimiento actual, solo podemos ofrecer el mismo cuidado a los pacientes independientemente de sus características, sus preferencias y sus metas en salud (“one size fits all”). Los modelos de atención se han centrado en estandarizar y en desarrollar protocolos/guías de manejo, pero no es fácil hoy saber - ex ante - cual es la persona correcta para determinado abordaje terapéutico. En el mejor de los casos, la evidencia médica solo nos puede decir el porcentaje de los pacientes responderá favorablemente a un programa o intervención.

La capacidad de tener más data integrada y la posibilidad de analizarla mejor enriquece nuestras posibilidades de conocer más a fondo a los pacientes y de evolucionar hacia modelos de atención más personalizados, proactivos y precisos que nos acerquen a la cuádruple meta en salud. También, nos abre una puerta a dimensiones más complejas de automatización, aprendizaje e inteligencia artificial que impactarán significativamente en la experiencia del paciente y en la productividad marginal de las capacidades humanas.

La necesidad de darle la vuelta al sistema es indiscutible. Sin embargo, la brecha entre lo tecnológicamente posible y la capacidad del sistema para llevar a cabo la transformación digital continúa siendo muy alta (en comparación con otros sectores). Posiblemente, como siempre ha sido, será el factor humano, el liderazgo transformacional, la capacidad de colaborar y la valentía para experimentar lo que nos va a conducir hacia un sistema de salud a la altura de las necesidades del siglo XXI, un sistema más inteligente y apalancado en la era digital para servir mejor a los pacientes.  

entre lo tecnológicamente posible y la capacidad del sistema para llevar a cabo la transformación digital continúa siendo muy alta (en comparación con otros sectores). Posiblemente, como siempre ha sido, será el factor humano, el liderazgo, la capacidad de colaborar y la valentía para experimentar lo que nos va a conducir hacia un sistema de salud a la altura de las necesidades del siglo XXI, un sistema más inteligente y apalancado en la era digital para servir mejor a los pacientes.  

 

Columna de opinión

Juan Guillermo Ariza, Worldwide Medical Baxter